atravesar el dolor

atravesar el dolor

¿Sabías que, cuando pierdes a un ser querido, es necesario atravesar el dolor para comprender que puedes resurgir con más fuerza?

Esta columna está dedicada a mi hermano Luciano, quien en días pasados perdió la vida a causa de una adicción. La escribo porque, cuando comprendes que ya no volverás a ver físicamente a esa persona, entiendes también que lo que la mantendrá viva será su recuerdo imborrable.

Hoy estoy experimentando esa gran ausencia que parte mi corazón en muchos pedacitos. Sin embargo, ahora que he tenido un profundo acercamiento con mi amiga y tanatóloga Beth, sé que es importante vivir el duelo a mi manera, se vale llorar, tomar espacios de recuperación y también atravesar recaídas emocionales. Al final, todo este proceso nos hará más fuertes, porque el dolor que sentimos no es otra cosa que el amor que le tuvimos a ese gran ser que marcó nuestra vida.

Su ausencia me duele especialmente por ser el menor de mis hermanos varones y porque, a pesar de todos sus esfuerzos —sumados a los nuestros como familia—, no logró dejar de luchar consigo mismo para superar dicha adicción. Esto lo llevó a sufrir pérdidas constantes que, finalmente, lo orillaron a perderse a sí mismo.

Hoy comprendo que somos mortales y que no existe una edad para perder la vida por distintos motivos. Por ello, quiero compartir contigo algunos puntos que considero importantes para enfrentar el duelo:

​1.​Somos mortales y, por lo tanto, no hay edad para perder la vida; debemos ser plenamente conscientes de ello.

​2.​Puedes sentir que tu corazón está roto, pero en realidad está abierto para reconstruirse.

​3.​No debemos cargar con culpas, ya que pueden convertirse en nuestro peor agresor; todos tenemos nuestro tiempo y momento en esta vida.

​4.​La única manera de salir del dolor es atravesarlo; solo así podemos reconstruirnos y hacernos más fuertes.

​5.​Hay que aprender a vivir el duelo: vivirlo, aprender de él y sanar, sin quedarnos estancados.

​6.​Aquello que no hiciste con quien se fue aplícalo con quienes aún están presentes.

​7.​Debemos aprender a acompañar el dolor ajeno de manera asertiva, para no herir ni profundizar la herida; no todo se expresa con palabras, también con acciones.

​8.​El duelo termina; el amor no, solo hay que estar dispuestos a comprenderlo.

​9.​Ellos también atravesaron distintos dolores y pérdidas; por eso nos dejan enseñanzas y buenos recuerdos.

​10.​La espiritualidad puede sostenernos y ayudarnos a aceptar y resignificar la realidad desde el amor.

​11.​Recordemos darnos tiempo para vivir distintas emociones, aunque duelan.

Finalmente, tras meditar profundamente sobre estas pérdidas tan grandes, podemos aplicar el Kintsugi, una técnica de la cultura oriental cuya filosofía nos enseña que:

“La rotura puede transformarse en algo más hermoso y valioso.”

Hermano, te extrañaré mucho. Hoy valoro más que nunca los dones y talentos que Dios te dió y admiro la forma en que dejaste huellas hermosas en cada persona que se cruzó en tu camino. No tengo tiempo para recordar errores o tropiezos, porque como cualquier ser humano, todos los tenemos. Gracias por ser parte de mi vida; te llevaré siempre en mi pensamiento y en mi corazón.

Un pequeño adiós… hasta el cielo.

Con cariño,

Tu hermana Kenia.

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